
Reconozco que yo no he tenido que aguantarme la risa como Zapatero esta tarde en Bruselas cuando un periodista le ha preguntado por una información de agencia que venía a confirmar nuestra presencia en la Cumbre de Washington. Zapatero lo sabía y aunque trató de fingir y ocultar su alegría, su cara lo decía todo. 'Vamos a estar seguro' pensé mientras seguía su comparecencia.
A las nueve se confirmó la noticia y me alegré. Sí me alegré mucho y no tengo problema alguno en reconocerlo. El Gobierno se fijó un objetivo y lo ha logrado. Pero esto no sólo es un éxito de Zapatero, lo es de todos los que deseamos lo mejor para nuestro país. De ahí que esta mañana no logre entender todos los reparos que ponen los que a la primera de cambio se envuelven en la bandera española para reivindicar su patriotismo más extremo. Empezamos si queréis por el diario ABC:
Y continuaremos por un jugoso editorial de El Mundo, que sin negar el logro diplomático del ejecutivo, se despacha a gusto con la 'dignidad' de la presencia española:
Y ahora me hago tres preguntas que [tranquilos] esta vez, rompiendo la tendencia de los últimos post, sí voy a responder:
1.- ¿Qué es digno para Rajoy y El Mundo? Quizá la fotografía de Aznar en las Azores antes de invadir ilegalmente un país y destrozar la vida de miles de iraquíes.
2.- ¿Qué tiene de malo acudir con voz y voto a la reunión y que Francia nos haya cedido un sitio que en todo caso nos corresponde? Bien, renunciemos también al resto de la ayuda y la próxima vez que Francia detenga a un etarra le pediremos a los franceses que lo dejen en libertad. Europa se construye entre todos. Y este país, también.
...y 3.- Todo esto se dice después de anunciarse que España acude a la Cumbre. ¿Qué hubiese pasado si no llegamos a ir? Prefiero no pensarlo. Me limito a añorar y recordar los discursos responsables y comprometidos que estos días nos llegan desde Estados Unidos. De los que ganan y los que pierden.